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Apasionados por las revistas

¿Ha pujado alguna vez en una subasta callejera como cualquier aprendiz de marxista por un número de Revista Alternativa? ¿O hace un mes por la edición 30 años de Revista Semana? ¿O por el único ejemplar de Fata Morgana que circuló en Colombia en 1998 y desaparecida el mismo mes? En papel o en digital las revistas siguen siendo el órgano de la contracultura: las preferidas para las tribus urbanas, para las aficiones underground y el medio de divulgación y convocatoria para las minorías excluidas de las publicaciones oficiales. La unica alternativa para romper el oligopolio mediático es concibiendo medios propios en papel o internet.
Mientras avanza lentamente el dossier #0 de Revista Corónica en papel, les dejamos una nota sobre aficionados a revistas de todos los pelajes en la sección Moda de el diario El País donde recomiendan algunas para coleccionistas:


Si las revistas formaran parte de las grandes artes, Candy o Fanzine 137 serían algunas de sus obras maestras. Son dos publicaciones editadas en España, con una tirada limitada no superior a los 1.500 ejemplares y para la que han colaborado fotógrafos como Mario Testino, o Wolfgang Tilmans. Tras ellas se encuentra Luis Venegas, quien se convirtió en coleccionista antes que en editor.
Él es uno de los que considera que las revistas en papel y las publicadas online no son universos antagónicos. “Tienen muy poco que ver -dice a SModa-. Lo digital tiene una inmediatez a la que lo impreso no puede aspirar. Sin embargo, algunas de las mejores revistas ofrecen un nivel de excelencia en diseño y contenidos que hasta la fecha no tiene contrapartida en el mundo digital“.
Buscar, admirar y conseguir revistas es una obsesión que alimenta sin pudor desde la infancia. Confiesa haber pagado cantidades considerables por ciertas publicaciones y haber comprado algunas varias veces, un ejemplar para hojear y otro para conservar. Con el tiempo encontró un modo de canalizar esa pasión y compartirla con otros. Comenzó a crear sus publicaciones soñadas, al más puro estilo "hazlo tú mismo" y con grandes resultados.
La web coverjunkie.com, una comunidad online de adictos a las revistas, se centra en las portadas. A pesar de su naturaleza digital, ha llegado a crear la “metarevista“, que recopila en sus páginas sus piezas favoritas. En el olimpo particular de coverjunkie.com están los cuatro números de Candy que hasta el momento Luis Venegas ha lanzado al mercado. En algunas de ellas el fotógrafo Terry Richardson inmortaliza a Chloe Sevigny y James Franco, travestidos ante la cámara del estadounidense y avanzando los contenidos del magazine. Esa imágenes han dado la vuelta al mundo y han colaborado a que sus creaciones en papel también coticen al alza en las subastas por internet.
Otro ejemplo que demuestra que el papel y el bit son universos complementarios es el de Kati Krause, periodista alemana que además de impulsar en su día proyectos como la revista Ling ha trabajado para empresas online como Dailymotion o Etsy. Es también responsable junto a Olivier Talbot de Tinta de la Casa, una exposición cuatrimestral que acerca a distintos espacios de Barcelona, Madrid y Berlín cabeceras de todo el mundo. Su propuesta es además la única posibilidad de distribución de algunas de ellas.
“Quizá las revistas en papel hayan perdido su posición como medio de comunicación dominante, pero están encontrando su nuevo espacio. Ahora, más que nunca, tienen una posición definida", nos explicaba Krause durante su asistencia a la Campus Party de Berlín del pasado agosto. La clave, comentaba, es que se está cambiando el concepto de revista. “En torno a ella giran múltiples canales de comunicación. Gravitan blogs, exposiciones, social media, conferencias... Las nuevas revistas crean comunidad y valor de marca a partir de algo físico. Así ocurre con "It`s nice that" o "Apartamento", apuntaba ella. O la también española Yorokobu, añadimos nosotros.


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Tanto tiempo ocupado y tan poco disponible para preguntarse. Sábato lo vio venir; una inminencia de máquinas desoladas, de vidas comprimidas y opacas, de ceguedad ante el otro: la enfermedad de hoy es la soledad de embarcadero, la de la risa desgonzada. Distinta usted, porque lo sabía: verse a sí misma era permitir que alguien más no desapareciera; sin importar si el día fuera fabricado entre gritos, sólo importaría estar vivo, cumplir con ese acto vital de júbilo y lamento.
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