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1230 libros no leídos en 2013, por Stanislaus Bhor

Empecé por un mastodonte: Bruce Chatwin, de Nicholas Shakespeare, una biografía monumental que sumerge en los años de formación, viajes, y en los periodos de planificación, investigación y escritura de cada libro de Chatwin. Mientras el biógrafo desgrana la correspondencia en busca de ecos y correspondencias y explicaciones va frecuentando también los lugares donde quedaron fosilizadas las huellas del biografiado (Patagonia, África, Australia, Francia, Irlanda). Shakespeare descubre que muchos temas que empezaron como inquietudes primordiales para el etnógrafo acabaron en obsesiones literarias y fantasías geográficas. El biógrafo delinea de forma admirable la evolución del carácter: de vivaz y competitivo en los años de asesor de antigüedades para la casa de subastas Sotheby's, se transforma en un estudiante tardío de arqueología y en historiador empírico en la facultad de Edimburgo. Inquieto, con un instinto pujante por el viaje a las sociedades más retiradas, será atraído por obsesiones milenarias a un conato de África esclavizada, visitará Afganistán, irá a la Patagonia en busca de la cueva del Milodonte y emprenderá su última pesquisa entre una tribu australiana. Por el olfato sabueso de Nicholas Shakespeare conocemos debilidades que humanizan al desaparecido escritor: las etapas de decadencia por la penosa enfermedad, desconocida entonces, que lo aquejó (VIH) y las vicisitudes de su extraño matrimonio: una de esas asociaciones raras que hacen pensar que el amor conyugal consiste más en saber respetar la libertad del otro y en saber administrar la compañía, que en la pasión sexual  monógama o la procreación y crianza de hijos. El biógrafo no soslaya aspectos patéticos (la vida humana está llena de secretos culpables y debilidades vergonzantes), pero sobrevive el retrato de un narrador oral locuaz, mitómano y fantasioso redomado, disciplinado escritor y uno de los conversadores más célebres por parte de quienes le conocieron. Biografía a fondo sobre una de las personalidades más atractivas entre los viajeros y mundonautas del mundo contemporáneo.
(Muchnik Editores).

Aún era enero y me dediqué a tres libros que tenía archivados de Faulkner. Mientras los cerros de Chía se incendiaban, abajo yo leía Banderas sobre el polvo: la versión íntegra de esa novela mutilada por un editor y publicada originalmente bajo el título Sartoris. Lo que me devanaba el pensamiento es que todas esas líneas dramáticas fueran pensadas y desarrolladas cuando Faulkner tenía 30 años. Leer Absalóm Absalóm (escrito con diez años de distancia) era ver el dominio de un estilo. ¿De qué era señal el aglutinamiento de Banderas? De que todo lo que un escritor escribirá en el futuro ya pervive dentro en el pasado. Señal de que necesitamos cada día que hemos vivido, cada condición, cada límite, cada amor, cada derrota, cada trabajo de nuestra vida para escribir finalmente el libro futuro. El Faulkner que escribió Banderas con esa ambición de totalidad, de encontrar que todas las partes se correspondieran, era entonces un escritor neófito, que no podía manipular aún sus torrentes narrativos; en consecuencia, sus novelas se extendían en todos los planos, pero no se cerraban. Absalón, por el contrario, era la integración más elaborada de todas las partes. Me gustó ver de cerca la inmadurez de un titán.
(Seix Barral).

En octubre, mientras me hundía en angustias y calamidades familiares en la sala de espera de una clínica donde estaba recluida mi hermana, empecé por tercera vez El libro del desasosiego, de Pessoa (selección de Ángel Crespo). Tenía el tiempo y la disposición de leerlo completo, linealmente, un diario que fue escrito sin ninguna linealidad. Hace rato que un libro no me suscitaba tanto estupor (tenía que abandonarlo por sentir reflejado en otro mi propia desidia de la vida). En el registro de los altibajos espirituales de Pessoa, predomina una inclinación por marginarse de todo: de la amistad, del amor, de la ciudad. Una actitud que se vuelve contagiosa. La aspiración de Pessoa en este diario es la de convertirse en un ser anónimo que deambula por Lisboa convertido en una sombra susurrante, en un observador de la vida ajena. Pessoa veía a la gente de su tiempo como si fueran fantasmas de otras épocas. En este libro, más que nunca, cobra sentido el valor de los heterónimos con que firmaba los libros de poemas: cada alter ego era un exploración a fondo sobre la posibilidad de convertirse y vivir la vida como otro ser humano, con obsesiones distintas, con formas distintas de amar, con formas diversas y diversas manía para comportarse. Este diario es el plan fantasmal de un hombre que quiere ser otros. Por eso me costaba trabajo leerlo, porque en el fondo me sentía aludido, porque en el fondo yo también aspiraba a ser un espectro, y no yo.
(Booket).

La aventura amorosa y sus personajes, de Abdón Ubidia, apareció en Mayo, mientras tocaba fondo en una de esas crisis de la edad media en que todo lo que amas parece pulverizarse en tus manos como una cerámica antigua carcomida por la intemperie y por tu impericia. Es un ensayo amoroso publicado por editorial El conejo, de Ecuador. Sostiene Ubidia que una historia de amor consiste en una constante muda de roles: somos la o el enamorado, el o la amante; el marido, o la esposa; el o la engañada; ocupamos estos cargos y otros adyacentes (el o la confidentes, el o la alcahueta, el o la confesora) y cada nivel en ese ciclo de florecimiento, esplendor y decadencia de una aventura de amor está organizado sobre un andamiaje de tabús culturales que agrian y endurecen cada peldaño y nos obligan a vivir la historia de amor tal y como ha sido establecida por la sociedad. El escollo más difícil de resolver es el tabú de la monogamia, porque está en la base del sistema de creencias. El dolor adyacente y gratuito que conlleva toda felicidad y que nos corroe y despedaza cuando una historia de amor se estropea, los celos, la rutina, la indiferencia, está en la imposibilidad cultural de ser capaces de dejar en libertad de elegir al otro, en la mezquindad moral que nos impide imaginar que el amor debe ser unipersonal y monógamo, mientras que el cuerpo justamente no se equivoca y da señales de agotamiento, de enfriamiento del furor sexual, de asentamiento en los valores religiosos, morales y civiles que impone la fundación de la familia nuclear como pilar de constitución de la sociedad. No amamos: vivimos el amor como una cadena de equívocos, promesas vanas y pesadas obligaciones. Después de mostrarnos a partir de historias de amor de la literatura la forma en que el repertorio de tabúes que gobiernan nuestra vida amorosa se repite siglo tras siglo, Ubidia propone una solución cultural al desamor: el enamoramiento múltiple, la aceptación de la libertad absoluta y sin contratos de ayuntamiento y la aceptación social de los amantes. Esto, de ponerse en práctica, deroga la idea de matrimonio y todo tipo de alianzas contractuales, de divorcio, de infidelidad, de esclavismo sexual, de insatisfacción, de enamoramiento heterosexual y todas las consecuencias jurídicas y sicológicas y religiosas que aun pesan sobre dichos conceptos. Una propuesta que se enfrenta al sistema social de creencias (adoptadas por todos al nacer) y que puede ser el salto a la desmitificación de la tragedia amorosa de este milenio, y empezando la descolonización afectiva por nuestro continente, donde los indígenas fueron pioneros del amor libre. A mi juicio (me gusta exagerar para contagiar entusiasmos), este libro de Abdón Ubidia es para la psicología, los estudios mitológicos y culturales, la crítica comparativista, la filosofía del derecho, y la vida social, de la importancia de El Emilio, El Contrato Social, El ensayo sobre el entendimiento humano, o El discurso del método para la filosofía occidental. ¿Habrá una editorial grande que ayude a masificar este ensayo y emancipar, de paso, el amor estipulado con firmas y absolutamente monógamo a las generaciones venideras?
(Editorial El Conejo).

El 21 de Julio, para mi cumpleaños, Lithos me trajo de España el volumen Poesía completa de Leopoldo María Panero. Como es usual, la poesía completa incluida en este volumen va desde los años 70 hasta el año 2000, es decir que es incompleta, porque ya hay un segundo volumen que recoge la poesía publicada desde el año 2000 al 2010. Sin embargo, se recogen en ese primer volumen los libros de juventud y lucidez del poeta visionario: Así se fundó Carnaby Street, Contra España y otros poemas de no amor, Teoría Leautremoniana del plagio, El Tarot del inconsciente anónimo, Poemas del manicomio de Mondragón y otra decena de poemarios de excepción que sobresalen aun hoy en la bohemia precoz y dasafinada de las nuevas voces de la poesía iberoamericana. El único comentario posible a este volumen extraordinario, es el de la satisfacción de tener a uno de los maestros de la poesía contemporánea y poder leerlo en su propia lengua. (Visor).

Los ingrávidos, de Valeria Luiselli. La leí de un disparo, el pasado primero de diciembre. Dos historias que se cruzan en el tiempo, como la vida de dos fantasmas de distinta época que conviven en el mismo espacio: la vida del poeta Gilberto Owen y la vida de una joven editora que se impone el reto de convencer a su jefe de reeditar al poeta décadas después en la ciudad donde ambos habitaron, Nueva York. El tiempo real de la narración es un diario íntimo de la vida doméstica de la narradora posterior a los años de la acción central (reeditar a Owen), lo que le da un nivel adicional a las dos líneas dramáticas, como cuando vemos desde la ventana a un señor que habla todo el día por celular y en la ventana de al lado a una muchacha que se pinta las uñas todas las mañanas: ellos pueden verte individualmente, pero no saben que tú puedes verlos a los dos y enlazar sus vidas a tu antojo.
(Sexto Piso)

Bogotá Fílmica, autores varios: ¿se puede reconstruir las capas históricas de una ciudad usando como piezas arqueológicas los fotogramas de la memoria visual? Estos cinco ensayos críticos son la prueba de que no solo se puede, sino que una foto antigua, o un retazo de película, permite develar la ropa interior de la sociedad en que fue tomada. El cine y la fotografía no sólo es una fuente válida de la historia, sino un punto de partida para la ficción y la desmitificación de los lugares y tiempos que habitamos. Editado por el Instituto de patrimonio cultural de Bogotá y el Instituto Distrital de las Artes IDARTES, publicado en octubre, ya puede conseguirse en las librerías de toda Colombia. Incluye CD con archivos anexos a la investigación.

Plano Americano, de Leila Guerriero. Septiembre. De todos los perfiles y crónicas que incluye este volumen editado por Universidad Diego Portales de Chile, el encontrar el primer esbozo de biografía novelada del escritor Roberto Arlt, fue algo memorable. ¿Cómo se escribe un perfil que debe ser una aproximación en fresco al personaje vivo cuando ya está muerto? Guerriero resuelve este enigma.

Crónica de pobres amantes, Vasco Pratolini. Había tenido este libro sin abrir por lo menos dos años. Este noviembre de lluvia deprimente bogotana abrí y empecé a leer y me quedé estupefacto por su técnica: un plano secuencia (en el sentido cinematográfico) de un barrio de Florencia (Vía del Corno) deprimido durante el fascismo. Creo que lo había visto en el cine de Hitchcock, pero nunca había leído algo como esto: primero mirar la totalidad de la ciudad y luego detenerse en una casa para acabar inmiscuído en la vida de la gente que se ama en la pobreza y que es víctima de las categorías políticas de su tiempo (para ellos invisibles). Pratolini ve el mundo como un plano general y luego pasa a un primer plano en el que todos somos extras de una película coral, que es la vida de una ciudad. El narrador omnisciente usa aquí un telescopio, para acabar en una endoscopia de la vida de los demás.
(Bruguera).

El quetzal resplandeciente y otros relatos, de Margaret Atwood. Creo que llegó en  abril. Junto a El espejo en el espejo, de Michael Ende, Ataderdecer de Salter y los Cuentos completos de Saviano, estas narraciones de Atwood fueron las historias breves que más disfruté este año. Podría reseñar cualquier libro de ese cuarteto de narradores breves, pero prefiero señalar simplemente que los cuentos de Atwood contienen un derroche de registros, niveles, técnicas y giros que son una verdadera escuela del cuento para todo aquel que siga suponiendo que el cuento es un género, es decir que debe seguir una preceptiva, o un grupo de condiciones y reglas para serlo, que debe debe tener comienzo, nudo, final, argumento y estructura y única versión. El cuento es la forma más breve de esconder tragedias largas y paradojas domésticas. Toda la tradición del cuento clásico es susceptible y enriquecedora al ser reescrita. Como hacer que Blacanieves apuñale a la madrastra.
(Editorial Arte y Literatura, Cuba).

Rebelde hasta morir. Vidas, pasiones y fugas del teniente Alberto Cendales Campuzano, de Pedro Claver Téllez. Increíble, pero hay gente que hasta hoy se entera de Auschwitz. Yo, por lo menos, hasta octubre de 2013 me enteré: el 11 de octubre de 1961 el teniente del ejército de Colombia Alberto Cendales Campuzano se fuga de la guarnición militar donde está recluído desde su tercera fuga, pero esta cuarta vez se escapa con ocho tanques y ocho camiones oruga y los 135 soldados de esa guarnición situada sobre la carrera séptima de Bogotá. Van en busca de alguna guerrilla de las que operan en el Huila, en el Vichada o en páramo de Sumapaz. El tanque en que avanza Cendales hace una maniobra para repeler un ataque aéreo con la ametralladora .50 pero el conductor del tanque pierde el control en un volantazo y Cendales y sus soldados se van al fondo de una cuneta en Gachetá, norte de Bogotá. El batallón que persigue al batallón prófugo rodea el pueblo y reduce al comandante Escobar que era el carcelero de Cendales, a tiros. Pedro Claver Téllez, un cronista que ha fatigado archivos y manuscritos y entrevistado asilos enteros para contar la vida de los antihéroes de Colombia (bandoleros, guerrilleros, mercenarios) consigue narrar la vida de Cendales y reconstruir el ambiente en que se gestó el golpe de estado de 1958 contra la junta militar que gobernaba a Colombia y delegó el poder a los plutócratas; golpe que marcó su vida y la convirtió en una cadena de insubordinaciones múltiples. Esta es una crónica indispensable para aquellos que no saben que antes de las FARC ya había guerrillas en Colombia y que el asidero de la inconformidad radical se basa en la misma desigualdad social y en el mismo abuso del poder por parte de quienes lo ejercen. También es importante para imaginar cómo se desperdicia la inteligencia en batallas inútiles.
(Hombre Nuevo Editores, Medellín).

Estos son once que disfruté en 2013.
El ipad me ha hecho hoy un recordatorio desolador: "Tienes 1230 libros electrónicos (no leídos)".

Comentarios

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Cinco características del buen cuento

Javier Zamudio*

Teoría del Iceberg
Un buen cuento es inagotable. Muestra un instante de la vida que no podemos atrapar con una mirada. Se necesitan múltiples observaciones y con cada par de ojos adquiere un sentido distinto. Puede ser simple: estar dotado de un solo personaje, una sola situación, pocos elementos. No por tener más personajes, tendrá más hondura. Tampoco por retratar muchas situaciones. En un buen cuento la hondura no está relacionada con un número, es una característica que escapa a lo cuantificable. Depende de los personajes, de las situaciones y de esta combinación macabra con lo incierto. Para conseguir estar a la altura de esta característica, el cuento debe ser un iceberg con una superficie escarpada, peligrosa.
Tomar riesgos
El orden superestructural no rige en un buen cuento. Lo que no significa que lo desconozca. Puede comenzar con un nudo y ser una enorme trenza cuyo desenlace es una pregunta larga que deja despierto al lector. Si el cuento ha conducido al lector …

CINCO POEMAS DEL MAGDALENA

Por: Angélica Hoyos Guzmán
Es una tarea de canonistas escoger sólo cinco, sobre todo interpretando una definición de algo que aún se escapa de los más eruditos y sofisticados pensamientos ¿Qué es poesía? Me han pedido seleccionar cinco poemas del Magdalena colombiano y más allá de la filiación de esta tierra, me preocupa dejar por fuera algo o mucho dentro de mis preferencias. Por eso me remitiré al más común de todos los filtros, el de la publicación, o el más cercano que tengo, el de los libros que me han regalado y que son de poetas nacidos o adoptados por el Magdalena. Dejaré por fuera las fotos de Leo Matiz, aunque me parecen poesía pura; también se irá de este apartado “La piragua” que me lleva lugares de mi infancia y los más recónditos paisajes. Tendré que nombrar en lo que dejo a los decimeros del Departamento del Magdalena, quienes aún hoy cantan sus historias de la rivera. Es un acto de total injusticia escoger cinco poemas.
Pero aquí voy a poner orden a mis afectos, a veces…

Correspondencia abierta (III)

Querido Julio,
no sabría decirte si Silvio es tu mejor cuento, aunque lo menciones con tanto entusiasmo en tu diario. Debo admitir que me pone a pensar. Te veo en su soledad, me veo a mí, a los dos, hurgando entre aquel rosedal para entender la vida. Pues “no podía ser esa cosa que se nos imponía y que uno asumía como un arriendo, sin protestar”.
A mí, por ejemplo, me gustan más tus cuentos de borrachos, de pobres diablos. Quizá porque soy uno de esos y, cuando te leo, siento que me estás escribiendo. Si creyera en un dios, seguro sería como tú, Julio: con tus cigarrillos, con tus dos pozos a punto de desbordarse por tu cara, con tu cuerpo como una calavera, con la piel forrándote los huesos igual que un caucho quemado por el sol.
Las botellas y los hombres, Los gallinazos sin plumas. ¡Qué cuentos! También el Embarcadero, por supuesto, que describes como lleno de una aplastante tristeza. Yo escribí uno de borrachos donde tú apareces. ¡Qué gusto sentí al sentarte frente a la vieja mesa …

Cinco Piedras

Juan Sebastián Gaviria*
Diversión
Una buena novela debe ser divertida. Dinámica. Viva. Algo que le ponga a circular la sangre al lector. El trabajo del novelista es, de cierta manera, usar la pirotecnia de la acción para empujar a los lectores contra los límites de su imaginación y encaminarlos hacia el cuestionamiento sistemático de los valores de su tiempo.
Filosofía
A veces, las más filosóficas de las novelas son esas en que los pensamientos de los personajes o los insights del autor resultan más escasos, y en ocasiones ausentes. Por filosofía me refiero a la invitación al cuestionamiento. La narrativa debe generar momentos y situaciones en que el lector se vea obligado a avivar su propia voluntad indagatoria. Ese impulso de irreverencia y vitalidad mediante el cual el arte redefine conceptos constantemente. Es imposible que un lector no filosofe después de haberle echado un vistazo al ser humano desde una perspectiva amoral y apolítica. Sólo en la narrativa que carece inclinaciones mo…

Historias clínicas, unos poemas

Poemas del libro de Octavio Escobar
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No volvieron a fútbol ni a buscar algodón de azúcar los domingos, ni a ver juntos películas de terror, ni a amar, en lamentable sostenido, con Nino Bravo y Sandro de América.
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El visitante, de Andrés Elías Flórez Brum

John Jairo Zuluaga*
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Un lector silvestre que recorra las páginas de la novela corta: El visitante puede encontrarse con una historia del montón. Una de tantas, en las que se ven inmersas, a menudo, personas de cualquier pueblo del trópico colombiano.
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Anotaciones sobre Juego de memoria, novela de Humberto Ballesteros

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En lo personal siempre me ha seducido el tema de la memoria, de los recuerdos con sus asperezas, arbitrariedades y aquellos intersticios en los cuales podemos extraviarnos por completo. Hace poco leí en una novela, de la que hablaré en otra reseña, sobre la idea según la cual nunca podremos recordar los hechos en su versión original, sino que cada vez que accedemos a un recuerdo lo hacemos a través de su última versión, aquella que recreamos en nuestra más reciente inmersión al suceso, lo cual propicia todo tipo de deformaciones que con el paso del tiempo reconocemos como si fueran genuinas. De tal manera que nuestra memoria, y esto lo he comprendido mucho más a raíz de la lectura de la novela de Ballesteros, obedece a una dinámica cuya lógica se nos escapa, a un proceso paulatino de construcción y deconstruccion mientras se transita entre la bruma, aferrados con devoción y…

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Con  Historias clínicas  Octavio Escobar despoja a aquel no lugar de su niebla aséptica y su inmunidad olorosa a cloroformo; revierte el proceso de pacientes y diagnósticos, cuya presencia se reduce a la simulación cartácea, y cede la voz a los humanos frágiles, los salva de la despersonalización de los formularios, los uniformes, los diálogos neutros en los que cada quien sabe que el otro está pensando sólo en su propio tiemp…

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Tanto tiempo ocupado y tan poco disponible para preguntarse. Sábato lo vio venir; una inminencia de máquinas desoladas, de vidas comprimidas y opacas, de ceguedad ante el otro: la enfermedad de hoy es la soledad de embarcadero, la de la risa desgonzada. Distinta usted, porque lo sabía: verse a sí misma era permitir que alguien más no desapareciera; sin importar si el día fuera fabricado entre gritos, sólo importaría estar vivo, cumplir con ese acto vital de júbilo y lamento.
Resistir, resistir… especie de maná imperativo ¿Dónde hallar combustible para reconfortar el espíritu, para revivir esas almas otrora ardientes? Atizar el r…

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Jerónimo García Riaño*

Hace poco repasé uno de los tantos decálogos que existen sobre cómo escribir cuentos. Siempre, como en todos los consejos, aparecen opiniones diferentes entre uno y otro autor a partir de su experiencia, lo que ellos consideran que debe tenerse en cuenta al momento de escribir. En ese decálogo encontré dos elementos que llamaron mi atención, y que, a mi juicio, creo que son fundamentales para que exista la idea inicial de un cuento: deben trascender la anécdota y debe ser contundente, que deje una emoción cuando el lector termine de leerlo. Eso es básico. Y es una discusión que he visto entre colegas en estos días por Facebook alrededor de la necesidad de recuperar la fuerza y el lenguaje de los cuentos, donde debe pasar algo y no simplemente la necesidad de contar una historia, porque, una vez más, lo único que termina por narrarse es una anécdota.

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