Ir al contenido principal

Bogotá sus taxistas y otros cuentos




La lluvia empapó la calle novena con setenta y dos, hace rato estábamos esperando que las fuertes gotas de agua mermaran un poco para poder salir y conseguir un transporte que nos llevara hasta la Noventa y dos con quince, tarea difícil empezando por los trancones de esta ciudad y segundo, por los medios de transporte que tiene Bogotá. Si esperamos un bus tradicional, nos demoraremos un buen rato, hace tiempo ya que no pasa uno y además, pasan muy llenos. Si optamos por los buses azules, peligramos nuestras vidas al ser uno de los servicios con más accidentes e imprudencias en la capital. Y no hay otra opción que un taxi, pero estaríamos en dos problemas: el primero que el señor conductor no nos quiera llevar, o la otra es que si nos lleva podemos sufrir una agresión bien sea de forma verbal, física o económica, cualquiera de las tres era probable.    

Cristiana empezó a desesperarse porque hacía mucho frío y las gotas que caían del borde de la carpa de un negocio aledaño a donde escampábamos, le mojó el zapato izquierdo. Por mi parte jugaba con el vapor condesando de mi cuerpo caliente que se desprendía de mi boca simulando estar fumando un cigarrillo que nunca se acabaría.

      -        ¡Vámonos!, me desespera estar quieta.
      -      Aún llueve, nos vamos a mojar
      -        Ya no es tan duro, mira y verás
      -        ¿en qué nos vamos?
      -        Será en taxi porque ya es tarde.

Reflexioné un poco sobre esta difícil situación que nos ha deparado el destino, estamos a la merced de un taxi, estamos a punto de ceder a su “amabilidad” y “buen” estado de ánimo para que nos lleve al lugar que queremos llegar.

Con decisión la tomé de la mano y salimos hasta la calle, pasaron varios carritos amarrillos pero la mayoría iban ocupados. Estiré la mano con miedo e hice la seña con mucho estilo para que el conductor viera que no éramos cualquier tipo de personas pidiendo un servicio. Un taxi se detuvo unos pasos delante de nosotros, abrí la puerta y el conductor me detuvo con una pregunta en el momento en el que me disponía subirme al carro.

        - ¿Para dónde van?

       Con voz suave como quien no quiere demostrar actitud de pelea respondí

       -    Para la noventa y dos con... 
-    (sin dejarme terminar respondió) No, para allá no voy, mucho trancón

Me retiré muy despacio y cerré la puerta con delicadeza para que el conductor no sintiera por parte mía, un descontento con su respuesta. Fue una reacción como cuando se está listo para salir a una fiesta y va directo a pedir permiso al papá y este con un NO rotundo, lo deja desarmado y desanimado.

El carro arrancó y miré a Cristina quien estaba hecha un titi y alegaba sola. 
                
  -  Huevón, es que no me está haciendo un favor, le voy a pagar por eso.

Yo no sabía cómo actuar, pues poco a poco me sentía como un estúpido por haberme aguantado el desprecio del taxista. La rabia me invadió totalmente que hasta imaginé peleas en mi mente si otro nos llegaba a responder igual.

Hicimos la seña a dos taxis más, no paraba ninguno, a esa hora y en ese lugar, los taxis son apetecibles y es complejo encontrarlos libres. Igual, lo seguimos intentando hasta que otro se detuvo y bajó la ventana del copiloto.

        -    ¿para dónde van?
       -   (sin pensarlo dos veces lo dije) ¡coma mierda!… Tomé a Cristina de la mano y nos retiramos rápidamente.

Me sentía rabioso por el hecho en que los tiempos han cambiado, ya el taxista no depende del pasajero sino el pasajero del taxista, es algo ridículo si lo piensas bien, es un servicio público, es decir, que cualquier persona puede tomar y usarlo para su comodidad y necesidad. Además a ello, este servicio no es gratis, debes pagar un dinero según las unidades que marque un taxímetro que muchas veces, ha sido manipulado por los mismos conductores (muñequiado, como dirían en el gremio) para su beneficio. Ese valor que pagas, se ha ido incrementando según los acuerdos del gobierno con el vocero del gremio taxista, es decir, si lo decimos en palabras más déspotas y groseras, le estamos haciendo un favor al utilizar ese servicio.

Pero como no lo vemos así, los pasajeros estamos a disposición del conductor si esta en ánimo de recibir dinero; el taxi quedó unos pasos atrás de nosotros, lo vi por encima del hombro y alcance a leer una calcomanía que decía: “Yo no pregunto a dónde va”, lo que encendió más mi furia.

Hice la seña a otro taxi que se detuvo, nos subimos al vehículo y saludamos como dos personas decentes que a su vez, fueron atendidas por un saludo igual de lo que al parecer, era un sujeto decente.

       -   No me vaya a dejar la sombrilla en el piso porque me hace charco
       -   (mirándolo despectivamente respondí) No tenemos sombrilla…

El conductor no tenía más de veinticuatro años, pareciera que acabara de salir del grado de bachillerato básico y no hubiese querido estudiar más. Arrancó el carro de forma brusca haciéndonos pelear con la inercia; el espacio era incómodo pues su silla estaba recostada hacía atrás de tal forma que parecía no estar conduciendo sino recostado en una tarde de sol, eso impedía que pudiéramos acomodarnos porque se perdió todo el espacio del lado izquierdo.

El sujeto nos llevó al lugar indicado, detuvo el carro y de inmediato los tres miramos el taxímetro, las unidades no eran más de ochenta un valor equivalente a 6.500 pesos según mis cuentas. Alistaba el dinero cuando el taxista dijo:

       -   Son 10.000
 -  (a lo cual yo respondí) ¿Por qué?
-     Porque el recargo, además que los tarje en pleno trancón y pues en el norte todo es más caro 
- (Cristina tomando la tabla de valores) Pero acá dice que son 6.000 y más el recargo la verdad, dan como 7.500 y eso, aún es caro.

Ambos desconocíamos el valor del recargo, sin embargo el valor dicho por aquel hombre nos sonaba ambicioso e injusto. El sujeto nos miró y con cara de pocos amigos respondió.

- Entonces paguen lo que quieran, les hace uno un marica favor y lo roban.
- (Cristina siguió) nosotros no robamos, igualado, entonces si esta ofendido díganos porque 10.000.

El conductor carecía de argumentos para decirnos, la lluvia se estaba poniendo intensa, las gotas golpeaban con más fuerza el techo del carro y que si seguíamos ahí, sería tal vez, un ring de boxeo.

Con mala cara y voz golpeada nos dijo que le diéramos 7.500, yo le di 8.000 y nos devolvió de mala gana 500 pesos. Empezó acelerar el carro como indicación que nos bajáramos rápido, me bajé y movió el carro unos centímetros a lo que Cristina grito.

- Espérese

Ayudé a bajarla y cerré la puerta fuerte en acción de rebeldía, mi ira estaba muy arriba y esperaba cualquier reacción. Al cerrar la puerta el conductor se bajó con un bate de béisbol semi-profesional de madera.

- Es que me va a romper la puerta este hijo de…

- (sin miedo respondí) entonces qué, la va montar de gamín

- lo que quiera sapo hijo de… con usted y el que quiera nos matamos...

 Nosotros giramos nuestra cabeza para mirar el alrededor y las personas miraban  y apoyaban nuestra sensación de rabia pero desde lejitos.

El conductor hizo amagues de acercarse pero el pito de los carros que lo esperaban para que anduviera lo detuvo y se subió al carro. La lluvia hizo de las suyas, evitamos al máximo mojarnos, pero en ese momento, las gotas que cayeron fueron suficientes para empapar nuestras chaquetas y nuestro cabello. Llegamos al lugar y una fila nos esperaba, en la puerta un celador daba indicaciones y peleaba con una mujer que a punta de groserías, le mostraba al hombre de la puerta que no estaba de acuerdo con sus decisiones. Miramos un poco más abajó hacia la calle quince y el trancón era monumental, dos cuadras antes de aquel trancón, una volqueta que recogió escombros de una construcción cercana, atropelló a un motociclista que giraba una esquina y creyó ganarle pero el conductor de tremendo vehículo no lo vio. Las cartas de la maleta del motociclista se regaron por los charcos que se formaron por culpa de una falta de mantenimiento de la malla vial. Otra cuadra arriba, los amortiguadores de un carro se dañaban por culpa de un hueco que lleno de agua, confundió al conductor. Y nosotros, estábamos ahí en medio de esta loca ciudad haciendo una fila de mil años para adquirir una cita médica, mientras todo esto pasaba Cristina miraba fijamente las calles y dijo en voz baja

- Bogotá es un puto caos…

sígueme en: @juancamilo_17

Puedes ver este y otros escritos en: 

Comentarios

RECOMENDADO

Novela histórica a ritmo de acordeón

(Óscar Perdomo G)
Jaime Andrés Rivera Murillo

La canción de Rafael Escalona, famosa por la interpretación de Carlos Vives en la década de los noventa, reza: “Allá en la Guajira arriba, donde nace el contrabando, el Almirante Padilla llegó a Puerto López y lo dejó arruinado”. Escalona se refiere a la fragata de la Armada Nacional, que en los años cincuenta se convirtió en el terror de los contrabandistas en el Caribe colombiano, y que además participó en la infame Guerra de Corea. Esta anécdota que surge de la letra de la canción, da material al escritor colombiano Óscar Perdomo Gamboa (Ibagué, 1974) para componer una ambiciosa novela, que juega a tres bandas, cual si fuera un brillante jugador de billar. Pero vamos por partes.
Perdomo divide la novela en tres historias, bastante diferenciables entre sí. La primera es el ascenso y posterior caída en desgracia del prócer José Prudencio Padilla López, quien se conve…

Muchas Chicas Muertas

Hugo Aparicio Reyes
Dispuesto a redactar esta reseña, registro hechos casuales, coincidentes con su sentido y contenido. Primero, recibo la grata visita de una amiga a su regreso de la visita a familiares residentes en una región del altiplano central. Ella conoce mi gusto por relatos de viajes, y yo sé de su capacidad como observadora. Durante el diálogo, entre notas acerca del ambiente comarcal del lugar, de sus tradiciones, usos y costumbres, sin razón conectora con el tema, Graciela suelta una de sus agudezas: …Todo muy bien, la gente cordial, amable, trabajadora, sobre todo las mujeres…  además de su obligación doméstica en el pueblo, deben realizar labores del campo en fincas familiares: ordeño del ganado desde antes del alba, pequeños cultivos, aunque el manejo de los ingresos y las decisiones mayores son potestad de los hombres. Ellos se portan como patrones, llegan y salen a su antojo, se embriagan con frecuencia, y cuando les da la gana la emprenden contra ellas, las golpean.…

El visitante, de Andrés Elías Flórez Brum

John Jairo Zuluaga*
Andrés Elías Flórez Brum, El visitante, Bogotá, Caza de Libros-Pijao Editores, 2008. 76 P.

Un lector silvestre que recorra las páginas de la novela corta: El visitante puede encontrarse con una historia del montón. Una de tantas, en las que se ven inmersas, a menudo, personas de cualquier pueblo del trópico colombiano.
En cambio, un lector avisado encontrará en esa misma obra un refinamiento técnico que vale la pena mostrar.
La obra sigue la tradición de novelas construidas con marco de composición, tal como lo evidencian Las mil y una noches, El Decamerón y, en el caso colombiano, La vorágine, de José Eustasio Rivera. El marco de composición: “Se construye a la manera de un formato previo e independiente, que antecede y da paso a la historia central, y luego lo cierra. Ese formato introductorio que luego cierra al final, se parece al marco de un cuadro de pintura, porque desde afuera rodea la historia central”. (Isaías Peña, El universo de la creación narrativa). 
En …

Hilar insectos

Con esta nota, Revista Corónica principia una serie de reseñas sobre novedades editoriales y eventos de la Feria Internacional del Libro de Bogotá que comenzó ayer.




Liliana Guzmán
Para los lectores que transitamos la Feria del Libro entre estantes atiborrados de sagas distópicas y libros sin cocción, el “Cuaderno de Entomología” de Humberto Ballesteros Caspasso es, sin duda, un gran descubrimiento. Este libro, una apuesta acertada de la Editorial Animal Extinto, está compuesto por diez cuentos bellamente ilustrados por la artista Ana María Velásquez, que reafirman la indiscutible trayectoria como escritor del bogotano.
Cada cuento, juiciosamente escrito, está compuesto por imágenes fabricadas con precisión a través de un lenguaje sobrio, sin florituras ni exageraciones. Las imágenes de sus relatos son tan sutiles como cada insecto escogido para conformar esta “entomología”. Los cuentos son inquietantes y logran poner al lector en una posición incómoda al leer. Causan una ligera rasquiña…

La mirada fragmentada

Juliana Gómez Nieto
La sed del ojo es una novela histórica que reconstruye el auge de la fotografía erótica y pornográfica en el París de mitad del siglo diecinueve. Pablo Montoya narra la detención del fotógrafo Auguste Belloc, a quien le fueron incautadas en su estudio más de cuatro mil imágenes obscenas, y este hecho es el detonante de la trama. Fotografías que circulan clandestinamente por los despachos de hombres que disfrutan sus contenidos de forma privada pero que públicamente repudian por atentar contra  la moral burguesa.
Valiéndose de tres personajes –todos voyeristas– Montoya construye un relato, siempre desde un punto de vista masculino, en el que el fotógrafo Belloc, el detective Maledeine y el médico Chaussende, a pesar de sus miradas casi antagónicas, están emparentados por su sed de atrapar –como consumidores, o como productores de las imágenes- eso fugitivo donde se oculta la belleza, y cuyo símbolo es el cuerpo femenino; mejor dicho, su imagen fragmentada por el reco…

Hay un poema… (Fragmento)

Omar García Ramírez*
2
Encontraron un poema agonizando entre las líneas negras y los espacios blanco-hueso de papel de un periódico… Encontraron un poema en la última página: crónica de crímenes y elecciones. La crónica roja parecía tomar cierto brillo al lado de las caras de los maleantes de turno. El poema se derrumbaba sobre un charco de tinta                                                             /y agitaba sus brazos como dos metáforas lisiadas. Encontraron un poema pequeño: no alcanzaba a ser incluido en la antología de un funcionario de la academia. Se le debería llamar una larva de poema; un abortado en la calle de la lírica. Encontraron un poema envuelto entre los periódicos del día anterior. Estaba podrido ––ya se sabe, los poemas a veces, cuando no alcanzan a balbucear, perecen rápido;  es de anotar, que su olor es como de gorrión ligero––Un pájaro dando su frágil cuerpo a los gusanos de los anuncios publicitarios. Encontraron un poema. Una muchacha que pasaba por allí lo escuchó…

Tres poemas inéditos

Lilián Zulima González



DIARIO DE UNA CORTESANA
Avecesmegusta,comocuandolleganconlaropareciénplanchada,ymedicenquemeparezcoasumadre. Tambiénmegustacuandolohacendespacio,meditando,comosimefueranapediralotrodíaquelosacompañeaunpaseoporelcampo. Ocuandonohacenruido,comositemieranromperelhechizo. Megustacuandoindaganmis pretensiones ypuedodecirunamentira. Y cuando dicen que me quieren y yo les digo que los quiero y me dejan unas llaves inútiles en el cenicero.
Me gusta cuando traen una pizza, optan por la luz prendida y, al preguntar por mi nombre,  respondo con una taza de café negro.
Y me gusta,  sobretodo, cuando hace frío afuera. Entonces ellos, con sus abrigos ensopados, golpean presurosos me abrazan con sutil afecto

Dos libros, una canción

Juan Felipe Gómez  Al final del décimo Congreso Nacional de Lectura, en mayo de 2011, ocurrió algo que los asistentes no esperábamos: después de la conferencia Erase una vez, del escritor argentino Alberto Manguel, unos señores de ruana y sombrero con instrumentos de cuerda se subieron al escenario del auditorio José Asunción Silva en Corferias para ofrecer un recital de clausura. Pronto supimos que se trataba de Jorge Velosa y los Carrangueros de Ráquira, y entre el desconcierto de algunos y el entusiasmo de otros nos dimos a disfrutar de la presentación que, aunque corta, nos puso en contacto, a la mayoría por primera vez, con el singular sonido de la carranga en vivo. Al recordar que aquel congreso tuvo como eje Los leguajes de la infancia, crecer entre relatos y juegos, pienso que no pudo haber un invitado más pertinente que Jorge Velosa para cerrar las jornadas académicas poniendo a los invitados (bibliotecarios, promotores de lectura, profesores y lectores de todo el país) a baila…

Festival Internacional de Poesía de Bogotá

Llega el 25 Festival Internacional de Poesía de Bogotá certamen apoyado por el Ministerio de Cultura y del Instituto Distrital de las Artes- IDARTES.


Eventos previos a la inauguración del certamen:

Lanzamiento de la Revista Ulrika No.58
2017-04-27 /6:30 p.m.
Sala Filbo C
»Presentación del 25 Festival Internacional de Poesía de Bogotá.
»Entrega al público del número 58 de Ulrika, el afiche y los plegables de programación.

Lectura de poemas
2017-05-03 /2:00 p.m.
»Universidad Jorge Tadeo Lozano
Maruja Vieira (Colombia), Liv Lundberg (Noruega) y José Ramón Ripoll (España)
2017-05-03 /4:00 p.m.
»Universidad Santo Tomás (Sede Aquinate)
Jotamario Arbeláez (Colombia), Iván Oñate (Ecuador) y Enrique Sánchez Hernani (Perú)

Lectura de poemas y conversatorio
2017-05-04 /2:30 p.m.
»Centro Educativo y Cultural Reyes Católicos
Liv Lundberg (Noruega), José Ramón Ripoll (España)

El 4 de mayo será la inauguración oficial en el marco de la Feria del Libro de Bogotá 2017 acompañada de lecturas de poetas …

Carta abierta a William Ospina, Por Fernando Cruz Kronfly

Carta abierta del novelista Fernando Cruz Kronfly al novelista William Ospina tras la columna publicada en el diario El Espectador ("De dos males"), en la que el ensayista manifiesta públicamente su voto a favor de la extrema derecha, entre las dos derechas que disputan la presidencia de Colombia. Aquí la columna de Ospina.
Revista Corónica reproduce a continuación la carta abierta del escritorFernando Cruz Kronfly:

"Cali, Junio 2, 2014
 Querido William:

Tú sabes la amistad y el afecto que nos une. Eso está claro y nada de esto se afectará. Pero, la publicidad de tu documento me obliga a hablarte en público. Entonces, debo decirte que tu decisión de preferir al Zorro sobre el Santo me ha llenado de estupor. No necesitabas explicarla de una manera tan aterradora. Lo de menos es tu voto anunciado, del que eres libre y soberano. Se trata de una decisión que, por supuesto, no comparto pero que respeto. Así es como suele decirse, con educación? Pero, lo que me llena de estupo…