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LA PIEL DEL AGUA Y OTROS POEMAS DE MARIELA ZULUAGA

Carlos Orlando Pardo*



Los poemas de Mariela Zuluaga en este sintético volumen publicado por Caza de Libros en su colección 50 poetas colombianos y una antología nos dejan al final de su lectura con la impresión de haber asistido a una rápida tempestad y contemplado un rayo acompañante. La brevedad de sus poemas y su inesperado final son su sello. La captura de un instante, la radiografía de una emoción, lo desolado del paisaje o lo bello en el amar, se suceden bajo instantáneas que asoman y desaparecen como la vida misma. La piel del agua no se queda en la dermis sino va hasta las profundidades y todo parece intrascendente pero no lo es.

La piel
del agua
envejece
mientras
tiran granadas
a mi cuerpo.

Se trata de un libro que en parte había publicado la autora años antes y que ya dejaba, de acuerdo a Carolina Mayorga Rodríguez, “la frescura que tiene en la universalidad y hondura de las significaciones que se entretejen con la máxima síntesis que el lenguaje poético exige, a través de todos y cada uno de sus textos". Agrega algo pertinente: "Quien haya seguido de cerca la escritura de Mariela desde sus comienzos, cuando asumió la poesía como destino, puede constatar que en su obra ha permanecido intacto su sello personal en el uso de la lengua para expresar su comprensión profunda del dolor del amor que es el mismo dolor de la ausencia y de la muerte, pero también la fuerza esperanzadora del corazón humano.”  

Dormía
teniendo
una luna
entre las manos.
Llegaste,
te entregué la luna.
Ahora
son muchas las lunas
que me alumbran

Mariela Zuluaga ha sido una dinámica periodista y gestora cultural desde hace varias décadas en la que ha construido un nombre trascendente, pero han sido sus libros publicados los que inscriben su nombre en el panorama de las letras colombianas. Las novelas Memorias y latidos, El país de los días eternos; y los libros Sonajerías, poemas para niños, Guía del ensueño para leerla y quererla; Las cantas del grillo; La palabra del sol, poemas; Para dar voz a la vida, talleres permanentes de creación literaria; Mi aventura del lenguaje, para educación básica primaria. Como distinciones a su trabajo obtuvo el Primer Premio en el concurso nacional de cuento infantil en el 2006; finalista en el concurso Cuentos para no olvidar el rastro, de la Fundación dos mundos, en el 2009; premio Oxford de literatura colombiana en la modalidad de poesía y el título Honoris causa, por la misma institución para la enseñanza del español y la literatura en 1997.

De ti
aprendí
el real
nombre
de las cosas
y cuando
no estoy contigo
siento nostalgia
de los nombres
míos.
Otras son sus distinciones, pero últimamente su hermosa novela Gente que camina, en edición de lujo, ha sido su éxito literario más comentado y que busca despertar la conciencia de los latinoamericanos ante la extinción de los grupos étnicos y que en el caso específico del pueblo Nukaák, población indígena desplazada de su hábitat natural por los conflictos armados y la colonización, se calculaba que hasta 2010 eran cerca de 250 nativos divididos en grupos.

Tengo
un corazón
encanecido
y un puñado
de trigo
en las enaguas.

Hago
las palabras
y después
me suenan
lejos
como monstruos
mutilados.

Hoy
quiero hablar de ti,
de tu cansancio y mi cansancio,
de tu risa frustrada
de hipérboles maduras,
de lo que dijiste una vez
sobre el pasto de invierno,
de tus venas hinchadas
curtidas y vencidas,
de tu rostro de hombre
convertido
en niño,
de tu jazz desenvuelto
frente a la autora plena.
Hoy
quiero hablar de ti
¡te escucho¡
*Novelista colombiano

Comentarios

  1. Por lo que acabo de leer en su revista la poesía está de moda, y en especial con María Zuluaga. Me gustaron sus poemas que acabo de leer aquí.
    Que la vida le depare más éxitos y más versos, y que los podamos leer.

    ResponderEliminar
  2. Muy oportuna y pertinente la Reseña del novelista Pardo sobre este poemario de la gran poeta Mariela Zuluaga. Es inaplazable llamar la atención sobre una voz que se consolida en los pilares de la poesía universal: el eco de la palabra que transcribe al mismo tiempo la soledad y la belleza del ser humano.

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