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Que hablen de ti, aunque sea mal




Carlos Castillo Quintero



El nombre de Oscar Wilde va unido al ruido y la figuración. Mordaz y extravagante, este escritor irlandés sigue vigente con libros como «El retrato de Dorian Gray», «Salomé», o «La importancia de llamarse Ernesto». Sin duda Wilde fue una de las mayores personalidades de su tiempo; celebrado como poeta y dramaturgo, deslumbró a los salones londinenses con su ingenio. Fue acusado de sodomía, enjuiciado, condenado, y recluido en la cárcel de Reading. Murió en 1900, en el exilio, arruinado material y espiritualmente. Hoy, de su extensa obra que incluye poemas, cuentos infantiles, obras de teatro, libros de ensayos, una novela, y cientos de epigramas, son estos últimos los más leídos gracias a la explosión de las redes sociales.
Escribió Oscar Wilde: “Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti”, frase que han traducido los asesores de imagen simplemente como: Que hablen de ti, aunque sea mal.
Esta receta, en la que se deja de lado cualquier norma ética o principio moral, ha sido usada con éxito por algunos personajes del medio artístico, político y social durante las últimas décadas. Empresas y marcas reconocidas también han participado, y mucho, en este juego perverso. Afirman los gurúes del marketing: La mejor publicidad es la que no se paga, premisa que, en estos tiempos de internet e hiperconexión, alcanza niveles enfermizos. Cada habitante del planeta Tierra que tenga un celular, una tablet, o un computador, se ha convertido en una caja de resonancia y, en ocasiones, en un loro virtual que comparte en sus redes sociales post, notas, artículos, fotos y videos, sin tener plena conciencia de su origen y menos de su veracidad, dándole visibilidad y ganancias, a quienes están detrás de esa información.
El tema da para todo. Francisco Santos, exvicepresidente de Colombia y periodista de medios como El Tiempo y El País de España, protagonizó hace algunos años un incidente en el cual criticó al entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, y al sistema de transporte (SITP), con un tuit en el que puso un link a un artículo de Actualidad Panamericana, portal de sátira periodística que informó que el médico neurofisiólogo Rodolfo Llinás, estudioso del funcionamiento del cerebro, no había podido entender cómo funcionaba la tarjeta “Tullave” y había optado por tomar un taxi.

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El 17 de abril de 2014 murió Gabriel García Márquez, novelista, cuentista, guionista, editor y periodista colombiano que en 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura; autor de «Cien años de soledad», obra considerada como uno de los grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos. Cuando su cadáver aún estaba tibio y personalidades, escritores, lectores, artistas e intelectuales de todo el mundo lamentaban su muerte, una congresista colombiana de la que nadie tenía razón (aparte de su familia y sus copartidarios, claro) lo condenó al infierno. Lo hizo con un tuit en el que publicó una foto del Nobel junto a su amigo, el exmandatario cubano Fidel Castro; la foto iba acompañada de la siguiente frase: “Pronto estarán juntos en el infierno”.
Así, el nombre de Gabriel García Márquez y la noticia de su muerte, además del nombre de Fidel Castro, quedaron enlazados con el de la dama que los estaba insultando, siendo tendencia en redes sociales y tema en los medios periodísticos que le dieron gran despliegue. La Revista Semana tituló: La congresista uribista que insultó la memoria de ‘Gabo’ (abril 18/2014); escritores serios y con gran audiencia como Alberto Salcedo Ramos, se vieron en la necesidad de responder al agravio: “Gabo y el infierno de la congresista Cabal” (El Colombiano, abril 19/2014); El periódico El Espectador tituló: “La congresista que quiere ver a Gabo en el infierno” (abril 18/2014). Y así fue creciendo esa bola de nieve tanto en el país como en el exterior. Desde luego ni el Nobel ni su amigo el comandante de la Revolución Cubana, necesitaban de tal exposición mediática, ¿para qué?, la congresista seguramente sí. ¡Bingo! He aquí una muestra innoble de cómo se aplica aquello de que la mejor publicidad es la que no se paga. (Este artículo, al hacer memoria de dicho desacierto, igual cae en ese juego).
Mientras tanto, las FARC, ese jueves santo también publicaban un tuit que decía: “Pierde Colombia, pierde el mundo por el fallecimiento de #Gabo. Sus obras salvaguardan su memoria. Acompañamos a su familia en este momento”.
México se cubrió de flores amarillas que lloraron la partida de Gabo, admirado escritor que había vivido exiliado en esa ciudad durante los últimos treinta años.

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La televisión, la radio, los periódicos, las revistas y demás medios de comunicación, físicos y virtuales, han creado un mundo que resulta “verdadero” para millones de personas, sin importar que mucho de lo que allí se dice no sea cierto y, en ocasiones, ni siquiera haya existido. Vivimos una realidad de photoshop, olvidando, además, que esos medios responden a los intereses económicos e ideológicos de sus dueños.
Los impostores ocupan la escena. En 1990 el dúo de pop “Milli Vanilli” ganó un Grammy, y vendió millones de discos. El único problema: sus integrantes no eran músicos, no habían grabado las canciones y no tenían la menor idea de cómo hacerlo; ellos solamente prestaban su imagen y hacían playback, es decir lo mismo que nosotros en las izadas de bandera conocíamos como fonomímica. De esta calaña de ladrones, y de los asesores de marketing que han exprimido hasta el infinito la frase de Oscar Wilde, se alimentan los embaucadores actuales, teniendo como trampolín, además, a las redes sociales y sus replicadores.
Este fenómeno en el ámbito de las relaciones públicas se conoce como “Spin Doctor”, y alude a la persona o empresa encargada de orquestar una campaña para persuadir a la opinión pública en favor o en contra de una organización, un evento, o una persona, sin escatimar los recursos, tácticas manipulativas, o medios tenga que utilizar para lograr su cometido.
Una de las técnicas del “Spin Doctor”, entre muchas otras, es la de disminuir el impacto de una mala noticia, anunciando a la vez otra que sea popular y/o positiva, de manera que los medios (y la opinión pública) enfoquen su atención en la más popular y la negativa pase desapercibida. También funciona si se utiliza una gran noticia negativa para tapar otra también negativa pero de menor impacto. Como ejemplo de lo anterior se cita con frecuencia lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, fecha fatídica en la que Jo Moore, jefe de prensa del gobierno británico, sin ningún escrúpulo recomendaba que: “Hoy es un buen día para lanzar alguna mala noticia que queramos enterrar”. El resto del mundo, mientras tanto, veía con horror el ataque a las Torres Gemelas.

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El show de los MTV Video Music Awards 2003 comenzó con dos niñas, de unos ocho o diez años, regando pétalos blancos en el escenario. Minutos después, cuando la función ya estaba en su clímax, Madonna le dio un beso en los labios a Britney Spears, quien se mostró muy complacida. Algunas gentes “de bien” repudiaron aquel arranque lésbico de las cantantes, mientras que otros exaltaron la maravilla de ese momento. En ese show Madonna también besó a Cristina Aguilera, pero es el beso a la princesita del pop el que le sigue dando la vuelta al mundo. Los resultados mediáticos de aquel inesperado contacto de labios y de lenguas instalaron a las involucradas en el corazón de sus fans y en las estrellas.
Once años después, Larry Rudolph, quien por esa época era el mánager de Britney Spears, declaró a la Billboard que el famoso beso no había sido tan apasionado como lo mostraron las cámaras, y mucho menos espontáneo, ya que correspondía a una maniobra publicitaria planeada por él, un acto ensayado en todos sus detalles que produjo los beneficios económicos y publicitarios que habían calculado.

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En Colombia se conoció una versión criolla de Jo Moore, el venezolano J.J. Rendón, asesor de Juan Manuel Santos en la campaña presidencial de 2010. Santos, a quien los sondeos de opinión daban como perdedor frente a su principal contrincante, el profesor Antanas Mockus, le dio un revolcón a su campaña siendo uno de los principales cambios el nombramiento como asesor del controvertido estratega J.J. Rendón. Esta situación generó malestar incluso entre algunos miembros del Partido de la U. El empresario y político Fabio Echeverri Correa, quien había sido gerente de la campaña para la reelección de Álvaro Uribe, lamentó que el venezolano se incorporara a la campaña. En La FM declaró, entre otras cosas, lo siguiente: “J.J. Rendón es el artífice de las grandes campañas sucias en Latinoamérica, y no es sano para la democracia colombiana que asesore a ningún aspirante a la presidencia”. “Si le vamos a meter esto a la campaña, no serán unas justas limpias”. “No me gusta ese estilo de guerra sucia”. “El país está lleno de podredumbre y vagabundería, para que a todo eso le vayamos a meter más daño” (El Espectador, mayo 3/2010).
Lo cierto es que en el 2010 Juan Manuel Santos fue elegido presidente de Colombia, con una de las votaciones más altas en la historia del país. No quedaron dudas sobre la efectividad del “Spin Doctor” venezolano, tanto que Santos, para su reelección en el 2014, esta vez en franca contienda con Uribe, también vinculó a J.J. Rendón como asesor. Tres semanas antes de las elecciones Rendón renunció, en medio de un escándalo por supuestos ofrecimientos de dinero por parte de narcotraficantes. En un comunicado a la opinión pública dijo: “Renuncio de manera voluntaria a mi cargo como Estratega General de la campaña presidencial del doctor Juan Manuel Santos, para no convertirme en un instrumento de los enemigos de la paz que pretenden minar la credibilidad del señor Presidente”. Los resultados se conocen: Juan Manuel Santos fue reelegido como presidente de Colombia.

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Los colombianos, inmersos en la coyuntura política y social que vive el país, cargada de incertidumbre después de que el pasado 2 de octubre ganara la opción del No en el plebiscito, fueron sorprendidos el 5 de octubre por una entrevista publicada en el diario La República, en donde Juan Carlos Vélez Uribe, miembro del Centro Democrático y gerente de la campaña del No, contaba con lujo de detalles cuáles habían sido las tácticas manipulativas mediante las cuales engañaron a los votantes, según fuera su estrato o su ubicación territorial, llevando a buen término su objetivo de que votaran por el No.
El abogado Juan Carlos Vélez Uribe ha sido senador y candidato a la alcaldía de Medellín. Es también uno de los más cercanos colaboradores del expresidente Álvaro Uribe, además de ser estratega de varias de las campañas del Centro Democrático. También es conocedor de la influencia y los movimientos de las redes sociales, como lo manifestó en su entrevista con el diario La República. Aun así, en el 2014 fue noticia ya que al ver un artículo en el Daily Currant, donde se informaba que en Colorado, USA, habían muerto 37 personas por sobredosis de marihuana, en el mismo día en que en dicho Estado habían legalizado esta sustancia; con ironía Vélez Uribe trinó: “¿La legalizamos también?”. Lo que no sabía el senador uribista era que el Daily Currant es la versión gringa de Actualidad Panamericana, medio satírico en donde se burlan de las posiciones más conservadoras de los vecinos del Norte.
Yo, espectador anónimo de la realidad nacional, veo que en los medios de comunicación y en las redes sociales muchas voces autorizadas, congresistas, políticos, y columnistas tachan a Juan Carlos Vélez Uribe de “inocente”, “tontaina”, “inexperto” y calificativos similares. Veo también, su rostro compungido al lado del comunicado en el cual renuncia al Centro Democrático (igual a como hizo J.J. Benítez en su momento) y se retracta de sus declaraciones al mismo tiempo que critica al gobierno de Santos.
Veo y no lo creo. En ajedrez ese movimiento se llama “sacrificio” y consiste en un movimiento estratégico que entrega una pieza a cambio obtener una ganancia táctica o posicional en el tablero. Un “sacrificio” también puede ser el intercambio deliberado de una pieza de gran valor, o su pérdida, para que el oponente se confíe. El “sacrificio de Dama” es la jugada más aplaudida en ese estilo de juego ya que se apuesta la pieza de más valor en procura de un bien mayor, el Jaque Mate. Todos los “sacrificios” conducen hacia el mismo desenlace: ganar la partida.
Como dije: veo y no lo creo. No creo que el gerente de la campaña que urdió estrategias para que “la gente saliera a votar verraca”, y ganó; precisamente el mismo día de las marchas multitudinarias de los jóvenes por la paz, ofrezca una entrevista en la que “se equivoca”. No creo que un político trajinado en varias contiendas como lo es él, diga en su comunicado de renuncia que sus declaraciones fueron: “palabras imprecisas al calor de un momento de hondas emociones”.

Creo que se trata, más bien, de una nueva estrategia en esta contienda entre el presidente Santos y el Centro Democrático. Contienda que hoy viernes 7 de octubre, registra un nuevo movimiento ya que el Instituto Nobel de Noruega le ha otorgado a Juan Manuel Santos Calderón, el Premio Nobel de Paz 2016. Este artículo debería titularse de manera diferente, cambiando la frase de Oscar Wilde, por la premisa del pintor surrealista Salvador Dalí, la cual dedico al presidente Santos, y que dice: Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien.

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