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¿De qué vive un escritor?, según Guillermo Schavelzon

El agente literario argentino Guillermo Schavelzon ha dedicado dos entradas de su blog a una pregunta equivalente a qué comían los centauros: ¿de qué vive un escritor? Una revisión de contrastes y paradojas del mercado, plazas para trabajo, regalías, regulaciones internacionales, subsidios, ranking de ventas en América Latina y promesa de acervo probatorio con cifras directas. Más que una reflexión para desalentar voluntades, esa serie de entradas parece una reflexión para aterrizar ilusos. ¿Cuántas propuestas de libro llegan a editoras y cuántas se publican? Ese dato individual puede explicar la paradoja de que el ebook y las plataformas de autoedición aumentan mientras las librerías y editoriales cierran. Lo demostrado es que el empecinamiento de los autores inéditos por publicar a como dé lugar no cesa. En el fondo, todos los ilusos sabemos de qué viven los escritores: del canto de las sirenas. 
Dice Schavelzon:

Al revisar las webs de las organizaciones de escritores, traductores y guionistas, la primera conclusión es que los latinoamericanos son quienes están más desprotegidos, sujetos a negociaciones y renegociaciones permanentes, en una relación donde -ante la baja de la produccion de las editoriales- la parte fuerte es la que contrata.
Los escritores, guionistas y traductores más protegidos son los estadounidenses, por las organizaciones que han creado y porque pertenecen a ellas. Y porque su trabajo se valoriza. Todavía se respetan una serie de pautas de usos y costumbres de cada negocio. Eso es lo que surge viendo los foros profesionales, donde las quejas son pocas en Estados Unidos, más en Europa, especialmente en España e infinitas en América Latina. El avance de la política de libertad de mercado, la crisis y las nuevas cargas tributarias a la actividad cultural, han arrollado con casi todas las reglas del juego que mal o bien sostenían a los escritores profesionales.
Un escritor –la enorme mayoría- escribe sin saber si cobrará algo por su trabajo. Escribe porque quiere, porque necesita hacerlo. El 95% de los escritos se finalizan sin saber siquiera si se podrán publicar, no solo si cobrarán por ello. Hay miles de novelas inéditas que dan vueltas por los premios literarios, las editoriales y las agencias.
Una editorial mediana o grande en España recibe unas mil propuestas de edición al año, entre las cuales elegirá cuatro o cinco. Una agencia recibe ocho o diez pedido de representación cada dia. Por momentos pareciera que se escribe más de lo que se lee.
Yo estimo que en español, hay entre dos y tres mil novelas inéditas dando vueltas. No es una cifra exacta, aunque creo que no es desatinada.
La situación del traductor o del guionista de cine y televisión -también escritores profesionales- es diferente, lo habitual es que comiencen a trabajar después de recibir el encargo. Cuando la industria editorial o la cinematográfica entra en crisis, como en los últimos años, el traductor o el guionista se ven obligados a aceptar lo que les ofrezcan, si es que tienen la suerte de pescar algo. Sin embargo, escucho constantemente a los productores quejarse de la dificultad de encontrar buenos guionistas.
Los escritores –con la excepción de Francia- no suelen tener acceso a  ninguna subvención cuando están desocupados, ni siquiera a una prestación mínima, y a veces ni a la sanidad pública. No sabemos a qué se dedican los escritores desocupados, podemos suponer que viven de los ahorros si los tienen, o de la familia, o se van al campo a cultivar un huerto. Cuidan niños por hora, hacen encuestas en las estaciones de metro, y en el mejor de los casos trabajan de intérpretes en congresos y reuniones internacionales, traducen folletos técnicos, redactan balances y memorias de empresas u organismos oficiales, o escriben discursos convincentes para políticos con los que casi siempre están en desacuerdo.
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Es casi imposible lograr el reconocimiento de la crítica para obras dirigidas al gran publico. A cambio, estos autores suelen obtener elogios y el apoyo incondicional de miles de lectores, a través de las redes sociales. Buscar el mayor número posible de lectores para una obra literaria con un uso del lenguaje ambicioso, para lectores formados, obliga a moverse por una zona siempre conflictiva. Aunque hay muchos escritores con una posición tomada al respecto, las necesidades, los desesos y las contradicciones que esto genera, son parte de la condición humana.
Atravesamos una época dificil en el mundo de la edición, en la que a los editores se les paga por la cantidad de ejemplares que vende el libro que han publicado, por el éxito comercial, no por el descubrimiento literario, aunque este tenga todo el reconocimiento y confirmación de la crítica, y marque una época.
Por eso hoy se habla más de mercado que de lectores. Cuando el 75% de los libros vendidos provenienen de grandes grupos, el peso del accionista –a veces fondos anónimos de inversión-, que legítimamente invierten dinero para obtener ganancias, es determinante. Esta situación, si bien es mayoritaria, no es única, y la prueba es la aparición y el crecimiento de una gran cantidad de editoriales chicas y medianas, que logran sostenerse y a veces más que eso, publicando solo obras de calidad. Cada vez son más, y su número depende de que su país cuente con distribuidores profesionales. El otro desafío que enfrentan es ser capaces de ordenarse en las cuestiones económicas y financieras, justamente la parte del trabajo editorial que menos les atrae.
Las editoriales chicas que publican pocos libros atienden y se ocupan muy bien del libro y del autor, proporcionándole muchas satisfacciones. Si bien el éxito de venta casi nunca es masivo, el porcentaje de fracasos es mucho menor. Las editoriales grandes en cambio tienen una organización fuerte, menos personalizada, una gran capacidad de distribución, y muchas veces anticipan al autor importantes sumas de dinero, pero publican cientos de títulos al año, para tratar de que dos o tres funcionen. El porcentaje de fracasos en estos casos es mucho mayor, y la futura recuperación de los autores que “no han funcionado” en una gran editorial, es uno de las cosas más difíciles de resolver.
Fue un golpe para mí encontrar este comentario de Jaime Salinas, admirado fundador de Alfaguara y de Alianza, en el libro de conversaciones con Juan Cruz (Alfaguara, 2013): “Me basé en lo que Rowohlt intentó enseñarme: si publicas doce libros al año, intenta que funcionen dos y no te preocupes de los otros diez”. Yo en lo primero que pensé, fue en “los otros diez”.
En algunos escritores genera mucho malestar la gran trascendencia mediática de unos pocos autores que, siempre a causa de la cifra de ventas, los medios consagran como luminarias, entrevistádolos a toda hora y en todo tipo de programa. Se les pide opinión –y la suelen dar—  sobre cualquier suceso coyuntural, siempre ajeno a su obra. Es verdad que esto implica pilas de libros más altas en las librerías y más exhibición en las mesas, pero esa fama es siempre pasajera, excepcional y poco habitual, y nunca se logra por haberla planificado previamente. Para los escritores que trabajan y trabajan sin lograr nada parecido, estos “autores exitosos” se le hacen visibles, muchas veces de una forma irritante, en el momento más alto de esa presencia mediática, no en sus inicios, que siempre han sido tan difíciles como los de todos.

http://elblogdeguillermoschavelzon.wordpress.com/ 
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