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Crisis del libro en España: estadísticas, críticas y mea culpa

Caída del libro en España, 2008-2012

La bienvenida al tercer mundo de España empieza con noticias del mundo editorial. Parece que las secuelas financieras de la decadencia económica hacen estragos en el sector del libro. Los datos de la caída los da en concreto Manuel Gil en su blog Antinomias dedicado al mundo de la edición:

Un somero repaso a las magnitudes macroeconómicas nos llevan a un escenario de hundimiento del poder adquisitivo de los trabajadores y clases medias de este país. Con una capacidad de compra tan paupérrima y una renta disponible tan escuálida el panorama no puede ser más desalentador: subidas de precios, más impuestos y tasas, aumento del paro, inflación y salarios congelados cuando no mermando, la capacidad de consumo se reduce todavía más. Estamos ante una devaluación interna vía salarios, y esta pretendida mejora de la competitividad nos acerca peligrosamente a ciertos países del tercer mundo. Este es el escenario. Si analizamos los datos concretos del sector del libro el escenario que dibujan nos retrotrae al año 2001 en cuanto a magnitudes de ventas del comercio interior. La cifra de ventas que la FGEE ofrecerá como cierre de 2012 estará muy próxima a los 2.500 millones de euros, cifra similar a la venta en 2001 en comercio interior. El escalofriante dato de que en 4 años el sector ha disminuido su cifra de negocio en torno al 21,6% con una cifra de 685 millones de ventas menos que en 2008 muestra la brutal gravedad de la situación. Por otro lado, la cifra de editores que no han tenido actividad en 2012, 1.154 editoriales, nos hace ver el empobrecimiento bibliodiverso hacia el que nos dirigimos: la inexistencia de planes de dotación de bibliotecas, la retirada de las subvenciones nominativas y la parálisis general del sector me llevan a pensar en un panorama ciertamente sombrío.

Para el "gato" bloguero de la editorial digital sigueleyendo las causas de esta decadencia no vienen solo de la crisis  económica, sino de errores crasos al convertir la cadena de la edición (escritores, editores, libreros) en una sarta de mercachifles:


¿Por qué se da esa situación? Porque los libreros y los últimos editores se extinguieron en la década de los 90, y su lugar fue ocupado por los empresarios ignorantes que han montado las grandes corporaciones que actualmente dominan el mundo de las letras. Y claro, los empresarios odian a los gatos.
En pocos años los empresarios hicieron de las suyas, y montaron enormes empresas que asfixiaron a libreros y editores. Librerías históricas comenzaron a cerrar y decenas de editoriales que tuvieron un papel fundamental en la cultura del siglo XX quebraron o fueron absorbidas por los delincuentes de traje y corbata.
Esta transformación de la industria del libro incorporó una paulatina degradación del sector: Se comenzó a invertir más en publicidad y empezaron a bajar los sueldos de los traductores, redactores, diseñadores, etc. Los individuos que usurparon el lugar de los editores se adaptaron al ejercicio de un conjunto de actividades amorfas, más vinculadas a la aridez de los balances contables que al negocio de las letras. Se implementó una precariedad laboral sin precedentes bajo el eufemismo “freelance”, y los desocupados del sector se convirtieron en “autónomos”. Los directivos modernos redujeron al mínimo los puestos laborales fijos y «limpiaron» las empresas de trabajadores con conciencia sindical. Muchas empresas editoriales se asociaron a grupos multimedia de extorsión (antes llamados «medios de comunicación»), y lograron presionar con eficiencia a los partidos políticos para obtener subsidios estatales o diversos privilegios. Las tiendas de ventas de libros comenzaron a ser atendidas por señoritas estúpidas de hermosas piernas o por jovencitos complacientes (y también estúpidos) de pelo corto. Y la casi totalidad de los concursos literarios pasaron a ser simples campañas encubiertas de promoción editorial, con los ganadores concertados varios meses antes de que el «jurado» emita su veredicto. Si a todo esto hay que sumarle la actividad de las mafias institucionales que defienden el copyright y los salvajes intentos empresariales por controlar los nuevos formatos emergentes, creo que los analistas de las nuevas tendencias estarán de acuerdo conmigo en que la «Era Gutemberg» está llegando a su fin.
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Los individuos que usurparon el lugar de los editores
se adaptaron al ejercicio de un conjunto de actividades amorfas,
más vinculadas a la aridez de los balances contables
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Todo lo que tocan los empresarios se prostituye, y el mundo del libro no pudo ser una excepción. Así hemos llegado a una situación decadente, donde se publican miles y miles de «libros spam» al año. Y lo más normal del mundo ante esta situación es que desaparezcan los lectores.
Pero algunos se preguntarán: ¿Quién está detrás de todo esto?, ¿los Iluminati?, ¿el sionismo judío?, ¿Chavez y Fidel Castro?
Nada de eso… Detrás de todo esto están los empresarios que genera el sistema, JUNTO A LOS ESCRITORES Y CONSUMIDORES DE LIBROS.
¿Qué habrían hecho los empresarios si al bajar la calidad de los productos que fabrican (libros), la gente no los hubiera comprado? Seguramente habrían ajustado su producción a una alta calidad en edición y textos. Porque convengamos que a los empresarios lo único que les importa es el lucro; les da igual la ideología o la excelencia que pueda tener una obra (en realidad su cerebro no les permite reconocer ese tipo de variables). Las editoriales modernas solo se atienen a seguir la evolución del mercado del libro para abastecerlo y generar lucro. O sea, lo mismo que hace un fabricante de zapatos o un mayorista de bolsitas de nylon.
Y también en sigueleyendo, una letanía de Pere Sureda (a quien se le han deshecho algunos de los proyectos literarios más sólidos cuando los tuvo en sus manos -Belacqua y Grupo 62- y aun así sigue optimista) sobre lo que sabe y supone que ocurrirá con el sector del libro español en 2013.


SÉ que será un año complicado para las ventas en general, las cifras macro nos indican que así será.
CREO que tendremos un año complejo en el sector de las Grandes Editoriales. Habrá fusiones y adquisiciones. Finalmente se concretará la compra de Alfaguara y cía. por parte de Penguin Random House, el poderoso conglomerado editorial alemán. Que, por cierto, ya ha puesto sus objetivos “estratégicos de crecimiento” en China, India y Brasil.
SÉ que tendremos libros maravillosos para editar, vender, distribuir y, sobre todo, leer. En poesía, en ensayo, en novela y en todos los campos.
CREO que Grup 62 se diluirá en Planeta.
SÉ que seguiremos teniendo grandes editores –personas concretas-, que trabajen donde sea, seguirán vendiendo su alma al diablo para que algunos de sus libros alcancen la gloria y las ventas les permitan soportar el estrés reinante.
CREO que se alumbrarán grandes movimientos en el campo de la distribución física de libros a las librerías. Este sector clave, empezará –sin culminar en 2013- el camino hacia formas de distribución diferentes y menos atomizadas de las que actualmente existen.
SÉ que la brecha entre los Grandes y los medianos y pequeños editores se hará más amplia.
CREO que las oportunidades estarán del lado de los pequeños y medianos, porque están más cerca del mercado real y tienen menos compromisos financieros, son más independientes y pueden arriesgar mejor.
SÉ que nacerán y morirán editoriales y librerías. Y que el debate sobre el libro digital seguirá siendo de un aburrido mortal.
CREO que las ventas de los libros digitales seguirán aumentando su cuota, pero no aceleradamente.
SÉ que habrá editores que empezarán en 2013 a trabajar como tales, por primera vez en su corta vida. SÉ que la ilusión les iluminará el camino y les deseo todo lo mejor, y sobre todo que no tengan un éxito comercial prematuro. A largo plazo no es conveniente para el oficio.
CREO que llegaremos a 2014 con el sector un poco más clarificado pero no totalmente reconvertido, tendremos más luces y quizás menos sombras. Habremos caminado y habremos ganado en experiencia, de nuestros errores y de nuestros aciertos. SÉ que la vida sigue y que no hay profecía que pueda destruir el LIBRO.
Descubrió que el agua moja, señor Sureda.


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