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El Volcán, una erupción de historietas latinoamericanas



Por Mario Cárdenas


Por muchos años las referencias de bolsillo que se han tenido para hablar de historieta latinoamericana en Colombia  son  Mafalda, de Quino; Condorito, de Pepo; la historietas de origen mexicano Kalimán o Memín Pinguin. La moraleja social y política de Mafalda, la nostalgia por aquellas publicaciones mexicanas que se vendían en los extintos Quioscos y la hábil circulación de Condorito hacen que estas referencias persistan como seña y símbolo de una historieta  que es mucho más y  de la cual se conoce poco o nada más allá de las estatuas en mención. Ahora, en el “panorama actual” esa línea visible la ocupan Liniers y un ilustrador como Alberto Monnt: el primero puede leerse como una ampliación y actualización de las referencias mencionadas: la tira intercambiable y de fácil acceso. El segundo no hace historietas pero los malentendidos lo han instalado como referencia.

El panorama, se cree ha sido subterráneo. Mencionar a otros autores que desarrollaron trabajos antes de los años 90 como Alberto Brescia, Rius, José Muñoz y Sampayo resulta estrambótico, por no decir exótico. De hecho, hace poco José Múñoz presentó en Colombia la nueva edición integral de Aleck Sinner, una historieta mundialmente conocida, pero que ha pasado desapercibida en librerías e ignorada por los medios culturales colombianos.


El precario interés por la historieta en Colombia y la escasa circulación de publicaciones ha hecho que el mapa se desconozca o lo que se ha dibujado de él. Sin embargo, la historieta en Latinoamérica  es fértil,  con intentos destacables  y  con una actividad que ha estado a punto de emerger. Basta con revisar el trabajo documental de Juan Navarrete, el "Historietologo", para darse cuenta de la evolución de una tradición, de una historieta que explora recursos y técnicas. Hace unos meses, los argentinos José Sainz y Alejandro Bidegaray compilaron para Editorial Municipal de Rosario/Musaraña “El volcán, un presente de la historieta latinoamericana”, una muestra que conecta diferentes puntos del continente y da cuenta del trabajo y del estilo de algunos de los autores latinoamericanos. Reunidos ahí hay historietistas de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Cuba México Perú, Uruguay y Venezuela.

“El Volcán” es una cuidada antología, con excepciones como todas, pero que sirve de muestra de la erupción que se vive actualmente. En las casi 300 páginas se puede apreciar 42 historietas autoconclusivas. Encontramos destacadas historias como el trabajo de los exóticos peruanos Martín López Lam, Rodrigo La Hoz y Eduardo Yaguas,  historietas entre la fuerza de su trazo y la experimentación gráfica. El sórdido estilo de los argentinos Frank Vega y Muriel Bellini. La frescura y sencillez para contar pequeñas historias de las chilenas Amanda Baeza y Catalina Bu. La línea explosiva del boliviano Marco Tóxico. Los relatos costumbristas y lisérgicos de Inés Estrada y Power Paola. La diversidad gráfica y buen pulso para contar historias de los colombianos Jim Pluk, Joni B, y Truchafrita.

Esta muestra del presente de la historieta latinoamericana es apenas un fragmento de trabajos que hacen camino más allá de la copia y el reciclado de otras tradiciones, que ha florecido de a poco gracias al trabajo colaborativo, al esfuerzo de autores,  el intercambio, la redes y diversos festivales como Viñetas sueltas, Viñetas con altura, Viñetas del fin del mundo y Entreviñetas. A la apuesta de editoriales y revistas locales por dar espacio a las diversas producciones. “El Volcán” no hace entonces un canon de los “mejores”, ni siquiera atiende a tendencias. Este presente de la historieta latinoamericana amplía la exposición de los autores, de los compilados y otros que están por descubrirse, un volcán que en su erupción da muestras de viñetas por leer. 

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