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Harold Alvarado Tenorio, feroz

Harold Alvarado Tenorio es un kamikase. Sus diatribas lo han llevado a convertirse en la pesadillas de todos los eventos y administradores de la plata pública destinada a la Cultura. Lo sorprendente es que el enfrentamiento con La Ministra de Cultura de Colombia Mariana Garcés (que está a punto de dirimirse en los tribunales) sigue provocando adherencias y ecos que ponen en entredicho las redes de nepotismo con que se reparte el dinero de los Premios Nacionales y las partidas a las artes entre el gobierno colombiano y la empresa privada. Tenorio, nacido en 1945 es un poeta consagrado y un nihilista indomable. ¿Buscará justicia poética o justicia gatillera con sus posturas radicales frente al proceso de paz y frente a la política pública cultural? En La crónica del Quindio ha concedido esta entrevista feroz:

La ministra de Cultura, Mariana Garcés, lo demandó a usted y al cineasta Carlos Palau. A usted porque en un texto, que circuló en la internet, señala la cercanía de ella con la señora Amparo Sinisterra, directora de Proartes, institución que recibió del ministerio 1.400 millones de pesos. ¿Cuál fue el asunto?

Ese es el motivo aparente para acusarnos de injuria y calumnia. Ficticio, porque ni Carlos Palau ni yo hemos dicho que ella haya robado cosa alguna, ni que hace negocios por debajo de las mesas, ni le guste el aserrín o la mermelada en los convenios o partidas de tute.
Palau respondía a una pregunta que alguien le había formulado y yo, que he escrito durante treinta años sobre la podredumbre en Colcultura y el ministerio del ramo, emití opiniones sobre los inconvenientes que sufre nuestro pueblo cuando los asuntos culturales están en manos unas cuadrillas de ignaras señoras, que solo favorecen, desde el gobierno de Belisario Betancur, a sus socios españoles, ya sea en libros, telecomunicaciones, material quirúrgico, tizas, etc.
Desde los años de ese funesto gobierno, para solo hablar de dos asuntos, la literatura y la historia nacionales fueron abolidas a ras de los textos escolares y son suplantadas por fragmentos de las literaturas mundiales en traducción y en sobras de las historias guerreras de los imperios del siglo XX. Son muy pocos los colombianos que han leído completo un libro de Guillermo Valencia, de Carrasquilla, De Greiff, o Henao y Arrubla o los filólogos que redactaron los compendios literarios para Bedout y Voluntad, y muchos menos saben quién fue Laureano Gómez o Silvio Villegas.
Belisario Betancur y sus sayones han negado a los colombianos menores de cuarenta años la posibilidad de amar la patria, de respetarla y honrarla conociendo su historia y disfrutando de su alma colectiva con el arte de la palabra y el verso.
Y a eso han contribuido, con otros gananciales, la ministra y su vieja maestra. Lo que quiere cobrarme Mariana Garcés es mi postura crítica. Y claro, detrás de ellas está esa recua de serviles de la izquierda vergonzante que han tenido como lázaros a las puertas de sus casas y apartamentos, que en Cali tienen nombres conocidos y que le ruego me evite mencionarlos.

Usted cuestionó la decisión de entregar el Premio Nacional de Literatura a Horacio Benavides. Indica que dos de los jurados, Piedad Bonnett y Ramón Cote, hacían parte del comité editorial de la universidad Nacional, institución que publicó el libro ganador de Benavides. Luego apareció una carta firmada por 86 escritores respaldando la decisión. Háblenos al respecto.

Sí, 86 entes, en su mayoría, pretendidos poetas, cuya existencia como tales terminó el 8 de agosto de 1999, cuando cesó la recolección de lo que algunos han llamado la literatura y las artes de La República del Narcotráfico, 1974-1999. Un cuarto de siglo, en el cual, según Aura Lucía Restrepo, la última pareja de Gilberto Rodríguez, en reciente interviene para El País, la mafia eligió seis presidentes y los precios de las artes plásticas alcanzaron cuotas nunca imaginadas y la exportación ficticia de libros para lavar dinero fue inconcebible.
Los mismos años que ha documentado Félix Marín en su libro sobre la familia Polanco y el grupo Prisa. Y qué no podría contarle del promotor del cablegrama, cuyos odios y lengua ha desollado con rencor a más de la mitad de los firmantes. Ninguno de ellos quiere al quillacinga que usaron para desconocer De los gozos del cuerpo, que es el otro libro, junto a El fantasma de la alondra de Antonio Silvera, que merecía el premio. Pero no, se trataba de humillarnos. Mi libro era el único que había recibido no menos de una decena de reseñas en medios nacionales y extranjeros, de firmas conocidas y autorizadas.
Lo cierto es que La serena hierba, mole digna de la Bogotá Humana del encantador de perros, es un refrito de 2011 de un bodrio publicado por Piedad Bonnet y Ramón Cote con el rótulo De una montaña a otra, porque, según Juan Manuel Roca, Benavides “esculca desde adentro” desde el día que le habían, ellos mismos también, concedido en 2001 un premio del Idct de Bogotá, y en 2005, el Cote Lamus, por los mismos poemas. El libro de Benavides no circuló ni en Colombia en la versión de 400 páginas, ni en Venezuela con 200, porque fue víctima de los avivatos. Apenas publicaron doscientos ejemplares pero cobraron por mil en el caso nacional y cinco mil en el extranjero.

Muchas personas le restan validez a sus diatribas porque lo consideran un resentido. Dicen que en usted puede más el veneno que la inteligencia, ¿qué tiene para decir?

Que la prosodia de mis diatribas no guste a ciertos lectores no invalida el contenido de ellas. Lo que acusan de resentimiento son las verdades incontestables que esgrimo y que nunca, desde de los años que comencé en La Prensa a cuestionar las camarillas adscritas a Colcultura y luego al ministerio, han sido desmentidas o denunciadas. 

Toda la entrevista aquí

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