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Cinco canciones para entrar en el Dylan Nobel






Juan Felipe Gómez


El 2016 pasará a la historia como un año de luto para la música. Prince, David Bowie, Merle Haggrad, Leonard Cohen, entre otros, hacen parte de “los que se fueron”, dejándonos piezas y momentos de incalculable valor para la historia musical, y para la cultura en general, del último medio siglo.

La alegría para los melómanos vino por cuenta de una noticia que durante años circuló entre los apostadores y especuladores del prestigioso premio de la Academia Sueca: Nobel en literatura para Bob Dylan. De inmediato las redes sociales y portales de noticias se inundaron con elogios e imprecaciones. Vino entonces el silencio por parte del galardonado y la expectativa, tanto de devotos como de detractores, por leer o escuchar algún pronunciamiento.  Se hizo esperar, pero el cantautor  de Duluth dio la cara para aceptar el galardón argumentando haberse quedado “sin palabras” tras el anuncio de la Academia.

Antes de enlistar cinco canciones de Dylan que dan cuenta de su grandeza como creador, vale la pena resaltar el veredicto de la Academia que lo reconoció por “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana”. Más claro no puede ser: Dylan es un poeta, sus letras tienen el sustrato de la gran poesía en lengua inglesa y es imposible no incluirlo en el canon de la literatura de occidente.

Así mismo, es preciso retomar el bello y conciso  texto que Dylan envió para ser leído en la ceremonia de entrega del galardón el pasado 10 de diciembre, y en el que expresa: “llevo haciendo lo que me propuse hacer por mucho tiempo ya. He grabado docenas de discos y he tocado miles de conciertos por todo el mundo. Pero son mis canciones el centro vital de casi todo lo que hago. Parece que encontraron un lugar en las vidas de tantas personas y en tan diferentes culturas, y me siento muy agradecido por eso”. Contundente: fama y galardones aparte, Dylan tiene la claridad de que la esencia de su trabajo está en lo que ha escrito, llámense canciones, poemas, crónicas, o simplemente literatura para ser leída y escuchada. Aquí dejamos cinco de esas piezas que ofrecen una completa experiencia estética.

A Hard Rain´s A-Gonna Fall
Casi siete minutos de una letra torrencial y enigmática con una melodía sutil. El año es 1963 y el álbum The Freewheling Bob Dylan irrumpía con fuerza, convirtiéndose en emblema y banda sonora para la generación que empezaba a sacudirse y levantar la voz.  La canción, junto a Blowin’ In The Wind y Masters Of War, componen una especie de trilogía antibélica con poderosas imágenes poéticas. Con más de treinta versiones, la de Patti Smith en la ceremonia de entrega del Premio Nobel es sencillamente estremecedora.


 Chimes Of Freedom
Con el tono acompasado del folk  más puro y la hipnótica voz de trovador, esta canción sigue la línea de las composiciones cargadas de imágenes  apocalípticas aunque con un trasfondo esperanzador por esas campanadas de libertad que repican por los rebeldes, por los desafortunados y los abandonados. Está incluida en el álbum Another Side Of Bob Dylan de 1964.   

Desolation Row
Una singular  galería de personajes, desde Cain y Abel hasta Einstein, pasando por Casanova y Ezra Pound, transitan por esta  potente narración que se mueve entre la nostalgia y la profunda emoción.  Es la última canción del álbum Highway 61 Revisited de 1965.   

Sad-Eyed Lady Of The Lowlands
Cierra el álbum Blonde On Blonde de 1966. Romántica y surrealista, es reconocida como una de las más grandes composiciones de Dylan y se dice que  fue escrita  en una habitación del Hotel Chelsea de Nueva York y dedicada a su primera esposa Sara Lownds.  


Scarlet Town
Instantánea de un enigmático pueblo ubicado bajo una colina y cuyas calles tienen “nombres que no puedes pronunciar”. Esta oscura canción, incluida en el álbum Tempest de 2012, reafirma la capacidad de síntesis y el poder evocador de Dylan cuando se sienta a escribir, además de los poderes hipnóticos de su voz.   


Comentarios

  1. Gracias hombre, algunos andábamos un poco perdidos con esto y no sabíamos por dónde empezar a meterle el diente al nuevo Nobel.

    C.A.

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